A mal tiempo, buena cara....
"El
lenguaje popular refleja hasta qué punto nos defendemos del exterior: el ideal
de la "hombría" consiste en no "rajarse" nunca. Los que se
"abren" son cobardes. Para nosotros, contrariamente a lo que ocurre
con otros pueblos, abrirse es una debilidad o una traición. El mexicano puede
doblarse, humillarse, "agacharse", pero no "rajarse", esto
es, permitir que el mundo exterior penetre en su intimidad. El
"rajado" es de poco fiar, un traidor o un hombre de dudosa fidelidad,
que cuenta los secretos y es incapaz de afrontar los peligros como se debe. Las
mujeres son seres inferiores porque, al entregarse, se abren. Su inferioridad
es constitucional y radica en su sexo, en su "rajada", herida que
jamás cicatriza." (Paz, 10).
La mujer
nunca se raja. Ay tantas mujeres que sufren la violencia domestica y desprecio
de sus maridos o novios. En abrirse y luchar contra la violencia, la mujer no
es cobarde pero valiente en no humillarse al machismo. Pero para muchas
mujeres, es difícil luchar contra el maltrato porque nadie las apoya. Muchas
mujeres se encuentran abandonadas por sus familias cuando ellas tratan de
buscar ayuda y salir de la violencia. Muchas se encuentren teniendo que
mantener el dicho "a mal tiempo, buena cara." Por eso pinte esta
mujer quien se ve hermosa con la máscara pero si mires, tiene moretes en el
cuello. Paz dice "Como casi todos los pueblos, los mexicanos consideran a
la mujer como un instrumento, ya de los deseos del hombre" (Paz, 12). Esas
mujeres tampoco son rajadas porque sobreviven la violencia y luchan por sus
hijos. Es desafortunadamente que muchos hombres machistas encuentran su
"ser hombre" por maltratando a sus mujeres. Pero como mi abuelo decía,
"Tocar una mujer con falta de respeto, no es ser hombre. Vagos que golpean
a sus mujeres, no se pueden llamar hombres. Maltratar a la mujer es de
cobardes." "La mujer no se toca ni con el pétalo de una rosa."
Mi abuelo media casi siete pies y era muy fuerte, nunca se atrevió maltratar a
una mujer. Trataba a su mama, su esposa, sus hijas, y nietas con mayor respecto
y cariño. El es un verdadero hombre. La mujer no es inferior. La mujer es la
mujer, y es digna, luchadora, y casi siempre la fuerza y amor de la familia y
de su gente.
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